Il mare è
amaro
e il marinaio muore in
mare.
Así reza el proverbio
y así
expiró el poeta de
la verdad.
Noche de los muertos,
noviembre anodino con
sangre de plomo y
digestión sexual
al
lado de la estación.
La juventud aparece en
toda su corrupción
de
triste inocencia adulta
y él
(protegido por el Alfa metal
de su Romeo)
decide seguir el viaje
acompañado por carne
placentera
y darle comida
para equiparar estómagos
e
inspirar ternura
y confianza.
Noche de los muertos,
sitio simbólico,
lo sé,
pero no tengo pruebas,
lo sé
pero no tengo pruebas,
los dados eligieron arenal
con portería para
sortear
sin hermetismos
mensajes para el mañana.
Vacío de arena negra
como verificación
de
su pensamiento y
aislamiento ante el
mundo del cero,
portería de plenitud
y
afición eterna,
pan de vida y
de su pueblo.
Y en medio, la muerte.
Palos de madera,
juventud perdida,
tacones de malicia,
deseos de degradación
posteriores
y el caucho fatídico.
La mañana siguiente,
(día de los
muertos)
la cultura lloraba no lloraba...
¡Qué ya la
habían matado!
Y Pier Paolo seguía
inevitablemente
teniendo razón.
Idroscalo de verdad
y vida de perros
por indigencia mental.
Il mare è amaro
e il marinao muore in
mare.