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PARA QUE UN GRAN INTELECTUAL ITALIANO QUEDE VIVO EN LA MEMORIA Artículos de prensa |
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. * * * La voz rota del sublevado Paradojas La inteligencia de la perversión Por Héctor J. Freire Italia celebra con discreción (2/11/2000) Duras palabras
El duro repente de Oriana Fallaci no dudó desde la distancia de su refugio de Nueva York en proclamar casi a gritos que la muerte de Pasolini era por fuerza un asesinato político, premonitorio de la muerte de la libertad y la inteligencia en Italia, incluso en el caso de que se tratara de un acto inmotivado y que no implicase personalmente más que al muerto y a su matarife. Y esto fue, sin aparatosidad gestual, lo que calladamente repitió Alberto Moravia, cuando años después del asesinato del poeta vino a concluir lo mismo que anticipó Fallacci al oír la noticia del cuerpo embarrado y aún caliente de su amigo. Pues incluso si aquel suceso es encerrado en el sudario amarillo del sensacionalismo, hay algo suyo, un raro vaho, que empaña el cristal de la lógica y pide su gramo de racionalidad en la ilógica.
Lleno de energía intelectual y de un coraje moral y físico ilimitado, Pasolini originó vivificadoras peleas civiles. Su muerte hizo respirar a mucha (quizás a toda) gente con poder en Italia. Un lado indomeñable de su tierra murió con él en el desolado descampado de Ostia que Nanni Moretti indagó pudorosamente en Caro diario. Y su pequeña figura se agiganta a medida que su muerte se aleja. LOLA
GALÁN, Roma.
Publicado en EL PAÍS, 4 de Noviembre de 2000
Son perversos: tienen una extraordinaria habilidad particular para hacer uso de un poder. El de realizar el único hecho que vale la pena, transformar el sufrimiento en goce y la falta o la ausencia en plenitud. El hecho de pensar y escribir en relación al hecho de sentir y actuar. Casi todos los personajes de sus obras "están corrompidos de perversidad". Perversos que no asignan al pensamiento otro valor que el de favorecer la "actividad de la pasión más poderosa, la que, a los ojos de los demás hombres, es solo una carencia de ser". Pero lo que sorprende es un modo de pensar tan singular que hace que la persona en quien habita sea extraña a sus iguales, a sus semejantes de clase, de cultura, y pueda encontrarse con lo idéntico en un otro del que todo aparentemente la separa. Sus vidas fueron marcadas desde el principio por el abandono o el duelo. Como si en ellos la vida hubiera querido "invaginarse", volver a la fuerza del origen. Y desde el origen tuvieron que inventar una huella: la que hicieron con el sexo para mantener la muerte a tiro. Se los deseaba muertos, y para ellos, la muerte se volvió deseable. Y para ellos es el sexo lo que los eleva. Entrelazando la cadena del erotismo y la trama de la perdición, ellos tejieron el tapiz de su propia existencia. Allí se originó su "Inteligencia Perversa", el hilo del masoquismo originario, llamado erógeno que, como Freud lo demostró, consiste en ligar al sufrimiento la gracia de un goce, y que, en ellos, permitió la inversión por la cual, el abandono pasa de lo pasivo a lo reflexivo, del desamparo al éxtasis, de la orfandad al acto creativo. La erotización de la pulsión de muerte sería en ellos un esfuerzo de reparación para re-ligar, a pesar de todo, a Eros y Tánatos, para erigir el sexo como defensa y antídoto contra la rutina y la muerte. Una manera de "per-vertir" / "per-turbar" un mal punto de partida, una manera de "dar vuelta" una situación desesperada. Sin embargo esa victoria, es una victoria pírrica que hay que renovar siempre, pues el sexo obligado a erigirse sin cesar contra la muerte, y en virtud de esa batalla queda pegado a ella. Y sucede que es ella quien lo arrastra por la fuerza (muy especialmente en Pasolini y Mishima). "El sexo es lento, no logra obstaculizar el fatal deslizamiento, y sólo llega a erotizar la muerte real. En ellos la erotización de la pulsión de muerte facilita el camino a la perversión, de la que constituye la forma primaria. Lo que caracteriza "la inteligencia de su perversión", es lo que ese "triunfo" lleva consigo de desafío y trágica rebeldía. * Reflexión a propósito del libro Gide-Genet-Mishima (La inteligencia de la Perversión) de Catherine Millot. Ed. Paidós 1998 (190 pag.) [volver] * *
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A los 25 años de su trágica muerte, no completamente aclarada, la madrugada del 1 al 2 de noviembre de 1975 en las inmediaciones de la playa de Ostia (Roma), la vida y la obra de Pier Paolo Pasolini (Bolonia 1922- Roma 1975) sigue siendo en Italia piedra de escándalo. Es como si sus cenizas quemaran todavía. Admirado hasta el delirio en los años sesenta y setenta, la antigua devoción ha dejado paso a un juicio más sereno sobre el legado contradictorio de su obra, pero el tiempo no ha amortiguado el impacto de su vida extrema ni de su muerte brutal. Quizá por eso Italia celebra en sordina el aniversario de su desaparición con un homenaje discreto y con la proyección de su último filme, Saló o los 120 días de Sodoma, en la televisión privada. No ha habido grandes despliegues oficiales en memoria de Pasolini. Su figura es recordada estos días en toda su complejidad de artista provocador, martillo del capitalismo pero enormemente crítico con la izquierda también. Más allá de los panegíricos huecos, los críticos y estudiosos de su obra se han limitado a explicarla, a descodificarla para hacerla legible a los lectores de hoy. La mayoría coincide en que, más que su obra -aunque sus novelas más famosas han seguido vendiéndose-, es su personalidad de artista fustigador, amante del escándalo y la polémica el principal legado de Pasolini. Nacido en el seno de una familia de izquierdas, el director de películas tan dispares como "Accatone", "Edipo rey", "Teorema" o "El Decamerón" desarrolló en su juventud una intensa actividad política dentro del PCI. Pero la izquierda ortodoxa juzgó con horror sus inclinaciones sexuales y en 1949, a raíz de una denuncia de la policía por corrupción de menores y actos obscenos en lugares públicos, fue expulsado del poderoso partido comunista. Pasolini se trasladó a Roma con su madre y comenzó a moverse en torno a los estudios de Cinecittà y a enviar artículos a algunos diarios de derechas, siempre con seudónimo. Antes de escribir el guión de su primera película, "Accatone", en 1960, había bordeado ya el éxito literario con novelas como "Ragazzi di vita" y "Una vita violenta", ambas denunciadas por obscenas a la justicia italiana. Una reacción de los sectores conservadores católicos del país que no disgustaría al artista, porque "a Pasolini lo que le interesaba era el escándalo", ha explicado en el diario La Repubblica Antonio Gnoli, profundo conocedor de su obra. "Es decir, eso que teniendo en sí la fuerza del resentimiento y de la piedad golpea en el corazón de la moral y de la razón". [volver]
Después de años de polémicas y de una década larga en el olvido, "Saló..." fue proyectada el jueves en versión completa a través de las siete redes de la plataforma de televisión privada Tele+/D+, que dedicaron una jornada monográfica a la vida y obra de su autor. La televisión pública, mucho más discreta, se ha limitado a programar a altas horas de la madrugada un documental titulado Pier Paolo Pasolini, un poeta incómodo. En los últimos años de su vida, Pasolini se había convertido en martillo de la Democracia Cristiana italiana, a la que fustigaba con dureza a través de sus artículos periódicos en el principal diario italiano, Il Corriere della Sera. En aquellos años de plomo, salpicados de atentados brutales, secuestros y extorsiones, se empeñó en alzar la voz contra las "fuerzas oscuras", atrayendo sobre sí una peligrosa atención. Su muerte violenta, a manos de un grupo de chicos de la vida de los que Pasolini gustaba frecuentar, no podía quedar fuera del círculo de sospechas que envolvía los acontecimientos de entonces. Pero la suya fue, sobre todo, como ha recordado su principal enemigo literario, Angelo Guglielmi, "una muerte espectacular, como lo fue su vida. Y el spectáculo Pasolini está destinado a durar". |
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