I
Puede
nacer de una sombra
con
rostro de muchacha
y
pudor de violeta
un
cuerpo que me estorba
o,
de un regazo azul
¿una
consciencia – sola
dentro
del mundo habitado?
Fuera
del tiempo ha nacido
el
hijo, y dentro muere.
II
Sangre
mediterránea,
alta
lengua romance
y
cristiana raíz
en
el perfecto extraño
nacido
en la estancia
de
una ciudad feliz.
Tú
eras irreligiosa,
bárbara,
o ingenua esposa
e
infante genitora.
III
Como
he caído
en
un mundo de prosa
si
eras un gorrioncito,
una
alondra y, mudo
para
la historia -una rosa-
o
madre jovencita
¿era
tu corazón? en este
orden
manifiesto
por
ti ¿el mundo me acepta?
IV
Me
has transmitido en el corazón
ya
adulto de un tiempo
del
cual, adolescente,
busqué
ardiendo de amor
las
fuentes. Ah educación
conforme
al prepotente
sentido
de mi siglo,
sentido
único, ¡eco
del
Corazón preexistente!
V
Y
cada día me hundo
en
el mundo razonado,
despiadada
institución
de
los adultos – en el mundo
hace
siglos varado
al
sonido de un Nombre:
con
él me aprisiono
en
el estupendo don
que
ya sólo es razón.
VI
Pero
el peso de una edad
que
fuerza la consciencia
y
modela el deber,
cuando
en mí ¿habrá
ganado
la resistencia
de
mi corazón ligero?
si,
contigo, no tengo alma
de
amor, sino ¿una llama
de
leve caridad?
VII
No
pensabas que el mundo
del
que soy un hijo
ciego
y enamorado
no
fuera una jocunda
posesión
de tu hijo,
dulce
de sueños, armado
de
bondad – pero una antigua
tierra
ajena que a la vida
¿le
dá la ansiedad del exilio?
VIII
La
lengua (de la que resuena
en
ti apenas una nota,
en
el alba del dialecto)
y el
tiempo (al que te dona
tu
ingenua e inmota
piedad)
son las paredes
entre
las que he entrado,
sedicioso
y poseído,
con
tus ojos mansos.
IX
¡No
sujeto sino objeto
madre!
un inquieto fenómeno,
no
un dios encarnado
con
los sueños en el pecho
¡de
ansioso hijo! anónima
presencia,
¡no desolado
yo!
Me has expresado
en
el misterio del sexo
a
una lógica Creación.
X
Pero
hay en la existencia
algo
más que amor
por
el propio destino.
Es
un cálculo sin
milagro
que aflige
o
sospecha que agrieta.
¡Nuestra
historia! mordida
de
puro amor, fuerza
racional
y divina..