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En el dorado temblor dominical del Valle Giulia la nación es cálida, silenciosa: su inocencia es semejante . a su impureza. Parece como si ardiera de alegría popular, y es un aburrimiento irreligioso que se derrama . con el sol de los florones y los grandes abanicos de los escalones. Este no es más que el acto con el que se descompone la Italia . instituida, un anónimo y honesto acto de civilización… Hay quien lo cumple entre la hierba abrasada y la fresca . oscuridad que surge de las filas de exuberantes pinos de Villa Borghese; otros lo hacen reflejándose en las pompas . festivas de la Plaza de España y se confunden con un rumor que se extiende alrededor monótono y magnífico: aquí . está más encendido el sentido de una Italia que vibra en una antigua nota de paz, en una muerte dulce como el aire . en el que la clase más alta reina inmóvil. . . Y por la escalinata el anónimo –alma sin memoria de un cuerpo deteriorado por siglos de sueños humildemente humanos . de burguesa experiencia- es ya un mito en este dorado domingo que le ve claro en su claro traje. . De pronto su vida aparece adornada por suaves pasiones y su mente (dominada . por su dura y servil dignidad en el corazón de la Institución) parece que arda –testigo inmune- . con el humilde deseo de comprender… . . La primera tela, de escorzo intenso y rosa, con un brillante y casi artesano arabesco, pintada con tierra . y fuego escondido: vivo aún el espíritu anterior a la guerra mezcla en él escándalo y fiesta, . la enormidad del pensamiento y la pureza de la técnica, y la ardiente y ahumada superficie donde ensortija sus tonos . cerúleas corolas sobre áridos terrones. Emblema de la Francia más alta cuando el atardecer parecía . un alba de fuego, y la desesperación espanta la pena del crear, y el derrumbarse del siglo parece un heráldico dibujo suyo. . . Pero ya los espumosos y crudos hijos en nubes de blancura, con acerados contornos, con pureza de lirios . y lujuria de cachorros feroces, denotan incluso en la luz de una idea digna de Velázquez, incluso en los encajes, . el exceso de expresión que los crea. . . La expresión que del cabello aflora en el cuadro, con una visceral intimidad, infecta de ardiente desamor, . que sacude la escama de dulces tonalidades, que, si resiste e incluso se mofa, se debe a reales, . ebrios coágulos. Pero entre los saltos y los rasguños del pincel vemos una zona de luz verdosa, los aspavientos . de los desacuerdos; he aquí la Expresión: que se pega a la córnea y al corazón, no solicitada, pura, ciega pasión, . ciega destreza, impúdica hinchazón de los sentidos, limpio aburrimiento. Tan sólo a este furor ateo . podía, en la caduca Francia, ceder Goya su violencia. Quienes se exprimen aquí son la pura angustia y la pura alegría. . . En la ordenada procesión -horda del oír y del hacer, no del creer-, los paisajes, las personas, . son esqueletos en cuya forma aparece, sus perdidas figuras: expresarlos es expresar su mal. . La patricia lechuza con un ávido verde y un violeta en el pecho, sin más sentido que el de inflamarse a sí mismo, . o en el ojo un borrón astuto y loco, traidor; las flores que brotan de un feto, o de una silla, y un esmalte . de tonalidades que los abrillanta en el educado engranaje; las playas en que exulta la alegría de un cadavérico agosto . en el que inventar tiene una mongólica y monumental libertad que nada cuesta, una brutal libertad que el mundo . transfigura a causa de la ignota fuerza que tiene el vicio, que tiene la voluptuosidad de exhibirse tiene: todo conduce . a una apacible furia de limpidez. . . ¡Cuánta alegría en este furor por comprender, en este expresarse que saca a la luz, como materia empírea, . nuestra confusión, que en castas superficies extiende nuestros ofuscados afectos! La claridad que enciende en ellas . las formas internas, las vuelve objetos nuevos, verdaderos objetos, y no cuenta, sino que es coraje, aunque delirante, que en ellos se refleje . la vergüenza del hombre que del Hombre hace salario, la vergüenza del hombre más reciente. De este hombre que con sabio . calor ve subir claramente, en las horribles losas la figura de sí mismo, su culpa, su . historia. Ve reducidas a la oscura furia del sexo las exaltantes represiones de la Iglesia, y desnuda, con la pura . claridad del arte, la prístina razón liberal; ve celebrada con brillantes figuraciones . la decadencia de la débil burguesía ávida aún en su miope remordimiento y en su cinismo… . Pero qué profunda y tranquila alegría comprender también el mal, qué infinito regocijo, qué púdica fiesta . en la pasional sed de claridad, en la inteligencia que, completa, certifica nuestra historia en nuestra impureza. . . Y de pronto he aquí, desbordante, el error de Picasso, expuesto sobre las grandes superficies que abren en paredes la baja, . frágil idea, el puro capricho airoso, la gruesa y gigantesca expresividad. Él – el más cruel entre los enemigos . de la clase que refleja, mientras quedaba en el tiempo de ella - enemigo por furor y por babélica . anarquía, caries necesaria - sale entre el pueblo y va a parar a un tiempo inexistente: disimulado con los medios de su misma . antigua fantasía. Ah, no se halla en el sentimiento del pueblo su despiadada Paz, este idilio de blancos. . Ausente está aquí el pueblo, cuyo rumor calla en estas telas, en estas salas, cuando afuera estalla feliz por las plácidas . calles en fiesta, en un canto común que invade barrios y cielos, calles y aldeas, a lo largo de Italia, hasta los valles, derramando . por segados y amarillos declives trigales –por los pueblos de la Europa perdida- donde repite los bailes . y los coros antiguos en el viejo aire dominical… Y el error se halla en esta ausencia. La salida . hacia lo eterno no se halla en este amor deseado y prematuro. Es en el permanecer dentro del infierno con una voluntad marmórea . de comprenderlo donde hay que buscar la salvación. Una sociedad destinada a perderse es fatal . que se pierda: una persona jamás. . . Desafortunados decenios… tan vivos que no pueden ser vividos sino con un ansia que los prive . de todo apacible conocimiento, con el dolor inútil de tener que asistir a su pérdida por su excesiva proximidad… Mudos . decenios de un siglo todavía verde, y quemado por la rabia de la acción que no conduce sino a dispersar . en su fuego toda luz de Pasión. El puro miedo llena las últimas salas expresado en zonas cristalinas . de infantil y senil cinismo: oscura y alucinada Europa proyecta en ellas sus paisajes internos. Aquí está madura, . si más transparente en ella se refleja, la luz de la tempestad, las carnicerías de Buchenwald, la periferia corrompida . de las ciudades incendiadas, los oscuros camiones de los cuarteles fascistas, las blancas terrazas de las costas, en las manos . de este zíngaro se tornan infames fiestas, angélicos coros de carroña: toestimonio de que de los dolorosos . años nuestros la vergüenza puede expresar el pudor, transmitir la angustia, la alegría: de que . es necesario estar locos para ser claros. . 1953-----
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Nel tremito d’oro, domenicale di Valle Giulia, la nazione è calda, silenziosa: la sua innocenza è pari .. alla sua impurezza. Sembra arda di popolare gioia, ed è una noia irreligiosa che solare si sparge . sui floreali gessi e i gran ventagli degli scalini. Non è questo che l’atto in cui si sbriciola un’Italia . istituita, un anonimo ed onesto atto di civiltà... C’è chi lo compie tra le aiuole infuocate e il fresco . buio che le solca dai prorompenti pini di Villa Borghese, chi n’è riverberato nelle pompe . festive di Piazza di Spagna e si confonde in un brusio che trasale intorno monotono e stupendo: qui . è più acceso il senso di un’Italia vibrante in un’antica nota di pace, in una morte dolce come l’aria, . dove la classe più alta regna immota. . . E per la scalea l’anonimo, anima senza memoria, in un corpo immiserito da secoli di sogni umilmente umani . di borghese esperienza, ormai è mitico in questa domenica dorata che lo vede chiaro nel chiaro vestito. . Come d’improvviso appare ornata, la sua vita, di mite passione, e la sua mente (dominata . dentro il cuore dell’Istituzione dalla sua dignità dura e servile) come pare arda, immune testimone, . d’umile desiderio di capire... . . La prima tela dalla scorza intensa e ròsa, in un gemmante arabesco quasi artigiano, dipinta con terra . e nascosto fuoco: ancora fresco lo spirito del vecchio anteguerra vi mescola scandalo e festa, . l’abnorme del pensiero e il puro della tecnica, e ardente e affumicata la superficie i suoi toni inanella, . ceree corolle su zolla disseccata. Insegna della Francia più alta, quando il tramonto pareva un’infuocata . alba, e la disperazione espanta pena del creare, e il frantumarsi del secolo un suo disegno araldico. . . Ma già gli spumeggianti e crudi figli in nuvole di biancore, in acciarini contorni, con purezza di gigli . e carnalità di cuccioli ferini, delineano pur nel lume di un’idea degna di Velásquez, pur nelle trine, . l’eccesso di espressione che li crea. . . L’espressione che sul pelo affiora del quadro, come da intimità viscerali, infetta di bruciante disamore, . e ne squassa la squama di tonali dolcezze, che, se resiste, e anzi irrigidisce, è per materiali, . inebbrianti cagli. Ma tra i balzi graffianti del pennello, la zona di quasi prativa luce, gli sfarzi . dei disaccordi, ecco l’Espressione: che s’incolla alla cornea e al cuore, irrichiesta, pura, cieca passione, . cieca manualità, impudico gonfiore dei sensi, e, dei sensi, tersa noia. A nient’altro che a questo ateo furore . poteva, nella cadente Francia, Goya cedere la sua violenza. Qui, a esprimersi, sono pura angoscia e pura gioia. . . Dentro l’ordinata processione, orda del sentire e del fare, non del credere, paesaggi, persone . sono scheletri in cui corporeo appare il loro perduto essere oggetti: esprimerli è esprimerne il male. . La civetta patrizia con sul petto un avido verde o un viola che altro senso non ha che infiammare se stesso, . o nell’occhio uno sgorbio, folle e scaltro, a tradire; i fiori che s’incarnano a un feto o una seggiola e uno smalto . di toni che li incera nel composto ingranaggio; le spiagge dove gongola la gioia di un cadaverico agosto, . in cui l’inventare ha una mongola, monumentale libertà che nulla costa, una brutale libertà che il mondo . trasfigura per l’ignota forza che ha il vizio, che ha la voluttà dell’esibirsi: tutto porta . ad una calma furia di limpidità. . . Quanta gioia in questa furia di capire! In questo esprimersi che rende alla luce, come materia empirea, . la nostra confusione, che distende in caste superfici i nostri affetti offuscati! La chiarezza che ne accende . le forme interne, li fa nuovi oggetti, veri oggetti, né conta, anzi è coraggio, benché delirante, che si rifletta . in essi l’onta dell’uomo che appannaggio fa dell’Uomo, l’onta dell’uomo più recente, questo, questo che con saggio . calore guarda evidenziata salire su nelle atroci lastre la figura di se stesso, la sua colpa, la sua . storia. Vede ridotte alla furia oscura del sesso le esaltanti repressioni della Chiesa, e dispogliata in pura . chiarezza d’arte la chiara ragione liberale; vede celebrata in riverberanti figurazioni . la decadenza della snervata borghesia ancora avida nel miope rimpianto e nel cinismo... . Ma che lietezza profonda e quieta nel capire anche il male; che infinita esultanza, che vereconda festa, . nell’accorata sete di chiarezza, nell’intelligenza, che compiuta attesta la nostra storia nella nostra impurezza. . . Poi ecco, colmo, l’errore di Picasso: esposto sopra le grandi superfici che ne spalancano in pareti la bassa, . fittile idea, il puro capriccio, arioso, di gigantesca e grassa espressività. Egli - tra i nemici . della classe che specchia, il più crudele, fin che restavi dentro il tempo d’essa - nemico per furore e per babelica . anarchia, carie necessaria - esce tra il popolo e dà in un tempo inesistente: finto coi mezzi della vecchia stessa . sua fantasia. Ah, non è nel sentimento del popolo questa sua spietata Pace, quest’idillio di bianchi uranghi. Assente . è da qui il popolo: il cui brusio tace in queste tele, in queste sale, quanto fuori esplode felice per le placide . strade festive, in un comune canto ch’empie rioni e cieli, borghi e valli, lungo l’Italia, fino all’Alpi, spanto . per declivi falciati e gialli frumenti - nei paesi della smarrita Europa - dove ripete i balli . e i cori antichi nell’antica aria domenicale Ed è, l’errore, in questa assenza. La via d’uscita . verso l’eterno non è in quest’amore voluto e prematuro. Nel restare dentro l’inferno con marmorea . volontà di capirlo, è da cercare la salvezza. Una società designata a perdersi è fatale . che si perda: una persona mai. . . Sfortunati decenni… così vivi da non poter essere vissuti se non con un’ansia che li privi . di ogni quieta conoscenza, con l’inutile dolore di assisterne la perdita nella troppa prossimità... Muti . decenni, di un secolo ancor verde, e bruciato dalla rabbia dell’azione non trascinante ad altro che a disperdere . nel suo fuoco ogni luce di Passione. Le ultime stanze gremisce la pura paura espressa in cristalline zone . d’infantile e senile cinismo: scura e abbagliata l’Europa vi proietta i suoi interni paesaggi. E matura . qui, se più trasparente vi si specchia, la luce della tempesta; i carnami di Buchenwald, la periferia infetta . delle città incendiate, i cupi camions delle caserme dei fascismi, i bianchi terrazzi delle coste, nelle mani . di questo zingaro, si fanno infamanti feste, angelici cori di carogne: testimonianza che dei doloranti . nostri anni può la vergogna esprimere il pudore, tramandare l’angoscia l’allegrezza: che bisogna . essere folli per essere chiari. . 1953-----
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