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"Pagine corsare"
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La gran prensa española habla de Pasolini:
motivos de una indignación
Jordi Corominas i Julián

IN ITALIANO

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Jordi Corominas i Julián escribe: «[...] Presento a "Pagine corsare" un artículo que he escrito justo por www.pasolini.net contestando así a un triste texto de un "periodista" de EL PAIS. Quizás sea demasiado contundente, no lo sé. Por tanto, junto a esta mi respuesta, también es transcrito el artículo del periódico, que me parece una toma por ahí terrible, con poco, de veras poco rigor. [...]
A EL PAIS he escrito una carta que no han publicado porque probablemente se han dado cuenta de su mediocridad. Me he enfadado con ellos porque hasta aquel momento, y todavía lo pienso por tanto otras cosas, me pareció el único periódico europeo publicado en España, pero después de este artículo, que es al culmina de una fea estación por este periódico, me sabe que no lo compro más y sólo lo miraré sobre internet. 
También averiguaré la foto publicada con su artículo, más que nada porque me parece sospechosamente parecida a una del texto en pasolini.net sobre el idroscalo... pero con cosas de este género poco o nada se puede manera, y ancla menos contra una "potencia" como EL PAIS. [...]  (Jordi
«Io muoio, e anche questo mi nuoce»
P.P. Pasolini
No pedimos a los periódicos que llenen sus páginas de noticias densas, completas. Sabemos que Pier Paolo tenía razón. Observamos día sí y día también como la síntesis predomina sobre la información estudiada, contrastada. Sin embargo, este verano los rotativos se están cubriendo de gloria con sus secciones veraniegas.

El ser humano se deja pescar por palabras clave. Pongan en un artículo homosexual, muerte y droga y quizá encuentren un filón. Así lo ha hecho un chico para todo de EL PAÍS con la memoria del hombre que centra estas páginas corsarias. Gran parte de los datos de su artículo, titulado La última cena de Pier Paolo Pasolini, son correctos; otros parecen sacados de un burdo sensacionalismo destinado a divertir a los veraneantes que buscan matar su tiempo leyendo cualquier tontería.

El articulista, que escribe de lo que le manden, parece haberse perdido algo. Sé muy bien que es. En España, salvo en algunas mentes comprometidas, no existe rigor con la figura del intelectual total del siglo XX. Ya en 2005 la vergüenza salpicó las páginas de una revista de cine, por llamarla de algún modo, cuando dijeron que el Pa fue acuchillado salvajemente en el Idroscalo. Escribí a la revista en cuestión, CINEMANIA, quejándome de su desinformación y como contrapartida, fijaros bien, recibí el guión de The mexican

Ahora no creo que me regalen nada. Tampoco, ni antes ni ahora, lo pretendo. Simplemente no entiendo como el periodista tiene la poca vergüenza de usar fragmentos de la entrevista Pelosiana de mayo de 2005 para llenar páginas en 2007. Habla el chico, Ramón Muñoz, de los lugares de antes y durante el asesinato. Dice que todo sigue igual, que Termini no ha cambiado, que los marchettari de Piazza dei Cincequento se han trasladado a Via Giolitti, que en Ostia y en el Idroscalo abunda la droga. Parece que el chico, pese a sus preguntas en el Biondo Tevere y sus observaciones sobre cinturones Dolce&Gabbana en Termini, no ha estudiado en exceso la figura de Pier Paolo Pasolini. 

Supongo que no le interesa, como tampoco le preocupa en exceso saber del significado de determinado léxico. ¿Qué son Bogarte? ¿Una mezcla entre el mítico Humprey y Dirk Bogarde? Para el autor del artículo de EL PAIS bogarte es la calle: supongo que quiere decir borgate, que no son la calle, sino algo, como sabe el lector de este texto, de más calado socio-histórico, término clave para entender una determinada concepción y período de la vida y obra del autor de Ragazzi di vita, título que el autor del artículo del más importante periódico español usa para hablar de los chicos que gustaba frecuentar Pasolini: lo traduce como chicos de la vida. Oiga periodista. Que yo sepa chicos de la vida podemos serlo todos. Si usas bogarte y dices que es calle, quizá mejor que busques y digas que ragazzi di vita son chicos de ésta, no de la vida. El léxico es importante. O lo era. Ya no sé que pensar.

Dicen que en verano convienen cosas ligeras. De acuerdo. Otra cosa es desinformar y quedarse tan tranquilos. Si se analizan figuras trascendentales de nuestra Historia reciente conviene no hacer el ridículo y ser dignos.

No creo que sea tan complicado. Por cierto, no sabía que el asesino del autor de Accattone se llama Roberto. Pensaba que su nombre era Giuseppe. Lo que hay que leer.

Jordi Corominas i Julián
Escritor y fotografo
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El artículo de El País

REPORTAJE: CRIMEN EN OSTIA 
La última cena de Pier Paolo Pasolini
La profanación de su monumento o las elucubraciones sobre su asesinato
reabren la polémica sobre el director de cine 
Ramón Muñoz - Roma - El País17/08/2007 

"Sporco comunista", "mascalzone", "frocio", "fetuso"... ("sucio comunista", "sinvergüenza", "golfo", "maricón"...). Son las últimas palabras que escuchó Pier Paolo Pasolini antes de ser apalizado hasta morir en la noche del 1 al 2 de noviembre de 1975. Los mismos insultos que hasta hace poco ensuciaban su monumento funerario, que recuerda el lugar donde se perpetró el homicidio en un desolado paraje de Ostia, a 30 kilómetros de Roma. El Ayuntamiento de Ostia Lido decidió cercar la estatua con alambre y unas rudimentarias vallas de madera para evitar las pintadas que deshonraban al artista que amaba a los ragazzi di vita (muchachos de la vida).

Sobre el páramo yermo donde fue reventado a palos hace 31 años se alza ahora una columna más cursi que simbólica, coronada por una paloma que sostiene en el pico una luna llena. Se supone que se puede visitar de lunes a sábado, entre las 9.00 y las 13.00, pero casi nunca está el guarda que abre el candado de la verja. "Venían los chicos y la ensuciaban con sprays. Por la noche se reunían para beber o chutarse. Aquí hay mucha droga, ¿sabe?", dice Giampietro Falcone, taxista de profesión. 

"Gente normal, / me condenáis: / a temblar, / a odiar, / a ocultarme, / a desaparecer...", decía el director italiano que, tres décadas después de su muerte sigue levantando ampollas como prueban las verjas del monumento de la Via del Idroscalo, una calle-carretera que discurre entre barbechos salpicados de barracas deshabitadas y galpones que alojan coches polvorientos. Las autoridades programan allí homenajes periódicamente, así que había que mantenerlo a salvo de pintadas y de yonquis. 

¿Qué conmemora en realidad el monumento? Según la versión oficial, que Roberto Pelosi, apodado Pino Rana, un chapero de 17 años, golpeó hasta la muerte a Pier Paolo Pasolini, de 53 años. La otra versión, defendida por sus allegados y espoleada por la periodista ya fallecida Oriana Fallaci es que fue víctima de una conspiración política, y que Pelosi sólo fue el cebo que le condujo a la emboscada en la que participaron al menos tres sicarios. 

Sea como fuere, si alguien quisiera rememorar hoy el crimen no encontraría muchas dificultades. Los escenarios siguen casi intactos. Como la estación Termini, donde el cineasta recogió al joven prostituto y le invitó a subir en su coche, un Alfa Romeo GT plateado. Los chaperos que amó Pasolini siguen allí. Ya no se amparan bajo los restos de la muralla aureliana, que apesta a orines. Ahora lo hacen en el interior de la estación, en la entrada de la Via Giovanni Giolitti, junto a las escaleras mecánicas. Basta un guiño y se acerca un veinteañero de tez cobriza. "Soy Rocco", afirma, entre descarado y amenazante mientras sus hermanos de oficio contemplan la escena. La única diferencia es que hoy llevan cinturones con unas enormes hebillas en las que se lee D&G y se calan gafas de sol de imitación de grandes marcas. Rocco ofrece sus servicios con dos tarifas. En los aseos de la estación, 50 euros; si hay que salir, el precio sube. 

Pino Rana declaró en el juicio que Pasolini le ofreció 20.000 liras de entonces (unos 10 euros). El chapero, que ahora tiene 48 años, subió al Alfa del artista, que cogió la Via Nazionale para salir de la ciudad. En el trayecto, al muchacho le entró hambre. Pasolini conocía una trattoria, junto a la basílica de San Pablo, en la Via Ostiense, que conduce a la costa. Se llamaba y se llama Biondo Tevere. Un local alojado en una casa de dos pisos, de paredes encaladas y una luminosa terraza con vistas al Tíber (Tevere) del que toma el nombre. Al artista boloñés le encantaba pasar allí las horas muertas "pensando y escribiendo sus cosas". Las comillas son de Giuseppina Panzironi, cocinera y regente del local desde hace cinco décadas. Ahora tiene 76 años. Ella preparó la última cena de Pasolini y de su homicida. Sentada en la misma mesa donde ambos compartieron mantel rememora la escena: "Nos dijo que le preparáramos algo al chico, que él no tenía hambre porque ya había tomado un bocado en Roma". En su voz hay cierta inquietud, como si esperara aún una revelación que esclareciera lo sucedido aquella fatídica noche. "Era el día de Todos los Santos y no había mucha gente. Mi marido, Vincenzo, les tomó nota. El muchacho pidió spaghetti all'aglio, olio e peperoncino y pechuga de pollo. Pero él insistió en que no tenía apetito, que le bastaba con una birra y una banana. Sólo eso". Ésa fue la última cena del director de El Evangelio según San Mateo. "Se le veía tranquilo. Hablaba en voz baja con el muchacho mientras éste comía... Pino no tenía cara de asesino. Tenía cara de... chiquillo", apunta.

La sala de la planta de abajo de la trattoria se ha convertido en un pequeño museo en torno a la figura del director de Edipo Rey. De la pared cuelgan fotos suyas junto a sus amigos y los actores con los que trabajó como Ana Magnani, dibujos y poemas manuscritos. Sus íntimos en Biondo Tevere eran el escritor Alberto Moravia y su esposa Elsa Morante, y el poeta Dario Bellezza. "Él era muy tranquilo, nunca armaba jaleo, ni bebía. Si acaso una cerveza. Cuando acababa no esperaba la cuenta. Le daba a Vincenzo un cheque en blanco y le decía 'pon tú la cantidad", dice la anciana cocinera. 

Giuseppina no tiene constancia de que nadie siguiera al Alfa Romeo hasta su local, ni que le estuvieran esperando a la salida, como apunta la versión conspirativa que hizo reabrir el caso hace tres años. Sólo sabe que el auto partió sobre las doce de la noche hacia Ostia. 

Pasolini era un maldito y el malditismo le ha perseguido hasta después de su muerte. El lugar donde cayó muerto, perteneciente a Lido de Ostia, no es el destino turístico ideal. "Entonces venían aquí personas importantes, gente del cine como Fellini y Sordi. Pero ahora nos cae esta chusma de la droga y los turistas se espantan", dice el taxista Falcone. Porque en la estación de Lido Nord no sólo se bajan bañistas, sino muchos enganchados que vienen a buscar su dosis. Pietro es uno de sus camellos. Trabaja en los alrededores de la plaza Lorenzo Gasparini, en el mismo centro del Bronx, como le llaman a este barrio los lugareños. La policía hace redadas periódicas, pero no ha conseguido acabar con la reputación como uno de los supermercados de la droga romana. 

Pasolini celebró a estos desharrapados, a los accattone, el proxeneta que protagonizó su primera película. Pietro conoce a casi todos estos muchachos del bogarte (de la calle). Pero no tiene ni idea de quién fue Pasolini, el muerto más ilustre de su localidad. Viéndole trapichear, uno imagina que Pasolini volvería a morir aquí si le dejaran elegir, junto a Pietro, junto a Pino Rana, sin monumentos.


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Scrive Jordi Corominas i Julián: «Inoltro a "Pagine corsare" un articolo che ho scritto proprio per il sito www.pasolini.net rispondendo così a un triste testo di un "giornalista" dI EL PAIS. Forse sono troppo polemico, non lo so. Perciò, insieme a questa mia risposta, è trascritto anche l'articolo del giornale, che mi pare una presa in giro tremenda, con poco, davvero poco rigore". [...]
A EL PAIS ho scritto una lettera che non hanno pubblicato perché probabilmente si sono resi conto della loro mediocrità. Sono arrabbiato con loro perché fino a quel momento, e ancora lo penso per tante altre cose, mi sembrava l'unico giornale europeo pubblicato in Spagna, ma dopo questo articolo, che è al culmine di una brutta stagione per questo giornale, mi sa che non lo compro più e lo guarderò solo su internet. 
Verificherò anche la foto pubblicata con il loro articolo, più che altro perché mi sembra sospettosamente simile a una del testo di pasolini.net sull'idroscalo... ma con cose di questo genere poco o nulla si può fare e ancor meno contro una "potenza" come EL PAIS. [...]  (Jordi)
 


La grande stampa spagnola parla di Pasolini: 
i motivi di un'indignazione
di Jordi Corominas i Julián

Non chiediamo ai giornali che riempiano le loro pagine di notizie dettagliate, complete. Sappiamo che Pier Paolo aveva ragione. Osserviamo giorno per giorno come la sintesi predomini sull'informazione studiata, verificata. Tuttavia, questa estate i giornali si stanno coprendo di gloria con le loro sezioni estive. 

L'essere umano dev'essere pescato tramite parole chiave. Se in un articolo si scrivono le parole omosessuale, morte e droga chissà che non si trovi un filone. Così ha fatto un ragazzo per El País con la memoria dell'uomo che è al centro di queste "Pagine corsare". Gran parte dei dati del suo articolo, intitolato L'ultima cena di Pier Paolo Pasolini, sono corretti; altri sembrano ispirati da un grossolano sensazionalismo destinato a divertire i villeggianti che cercano di ammazzare il tempo leggendo qualsiasi sciocchezza. 

L'articolista, che scrive ciò che gli ordinano, sembra essersi perso qualcosa. So molto bene di che si tratta. In Spagna, salvo che per alcune menti impegnate, non esiste rigore con la figura dell'intellettuale totale del secolo XX. Già nel 2005 la vergogna macchiò le pagine di una rivista di cinema, tanto per chiamarla in qualche modo, quando dissero che il Pa' fu accoltellato selvaggiamente all'Idroscalo. Scrissi alla rivista in questione, CINEMANIA, lamentandomi della loro disinformazione e come contropartita, sentite bene, ricevetti il copione di The mexican

Ora non credo che mi regalino niente. E neppure - né prima né ora - lo pretendo. Semplicemente non capisco come il giornalista abbia così poca vergogna nell'utilizzare frammenti dell'intervista a Pelosi del maggio 2005 per riempire pagine nel 2007. Il ragazzo, Ramón Muñoz, parla dei luoghi di prima e durante l'assassinio. Dice che tutto continua allo stesso modo, che a Termini nulla è cambiato, che i marchettari di Piazza dei Cinquecento si sono trasferiti in Via Giolitti, che a Ostia e all'Idroscalo abbonda la droga. Sembra che il ragazzo, a dispetto delle sue domande fatte al Biondo Tevere e delle sue osservazioni sulle cinture Dolce&Gabbana a Termini, non abbia studiato eccessivamente la figura di Pier Paolo Pasolini. 

Suppongo che non gli interessi, come neppure lo preoccupa troppo sapere il significato di un determinato lessico. Che cosa sono le bogarte? Un miscuglio tra il mitico Humprey e Dirk Bogarde? Per l'autore dell'articolo di El País bogarte è la strada: suppongo che volesse dire borgate che non sono la strada, bensì qualcosa, come sa il lettore di questo testo, di significato socio-storico, termine chiave per capire una determinata concezione e periodo della vita e opera dell'autore di Ragazzi di vita, titolo che l'autore dell'articolo del più importante giornale spagnolo usa per parlare dei ragazzi che amava frequentare Pasolini: lo traduce come chicos de la vida. Senta giornalista. Che io sappia chicos de la vida possiamo esserlo tutti. Se usi bogarte e dici che è strada, forse sarebbe meglio che tu cercassi e dicessi che ragazzi di vita sono ragazzi di strada, non di vita. Il lessico è importante. O lo era. Non so più cosa pensare. 

Dicono che in estate convengano cose leggere. D'accordo. Un'altra cosa è disinformare e rimanersene tanto tranquilli. Se si analizzano figure trascendentali della nostra Storia recente conviene esserne degni e non cadere nel ridicolo. 

Non credo che sia tanto complicato. Di sicuro, non sapevo che l'assassino dell'autore di Accattone si chiamasse Roberto. Pensavo che il suo nome fosse Giuseppe. Bisognerebbe leggere. 

Jordi Corominas i Julián
Scrittore e fotografo
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L'articolo di El País

REPORTAJE: Crimine a Ostia 
L'ultima cena di Pier Paolo Pasolini
La profanazione del suo monumento e le elucubrazioni sull'assassinio
riaprono la polemica sul regista
Ramón Muñoz - Roma - El País17/8/2007

"Sporco comunista", "mascalzone", "frocio", "fetuso"... Sono le ultime parole che udì Pier Paolo Pasolini prima di essere bastonato a morte nella notte dal 1° al 2 novembre del 1975. Gli stessi insulti che fino a poco tempo fa sporcavano il suo monumento funebre che ricorda il posto dove fu perpetrato l'omicidio in un desolato sobborgo di Ostia, a 30 chilometri da Roma. Il Municipio di Ostia Lido ha deciso di mettere attorno alla statua del fil di ferro e alcuni rudimentali steccati in legno per evitare le scritte che disonoravano l'artista che amava i ragazzi di borgata. 

Sulla landa deserta dove fu bastonato fino alla morte 31 anni fa, si eleva ora una colonna più pacchiana che simbolica, incoronata da una colomba che sostiene col becco una luna piena. Si suppone che si possa visitare dal lunedì al sabato, tra le 9.00 e le 13.00, ma non c'è quasi mai il guardiano che apre il lucchetto posto sull'inferriata. "Venivano i ragazzi e la sporcavano con gli spray. Di sera si riunivano per bere o per prendersi a calci. Qui c'è molta droga sa"?,  dice Giampietro Falcone, tassista di professione. 

"Gente normale, / mi condannate: / a tremare, / a odiare, / a nascondermi, / a sparire... ", diceva il regista italiano che, trent'anni dopo la morte continua a creare problemi, come provano le inferriate che circondano il monumento di Via dell'Idroscalo, una strada che passa tra prati pieni di baracche disabitate e gente che parcheggia automobili polverose. In quel luogo le autorità programmano periodicamente qualche omaggio, in modo da metterlo al riparo da imbrattatori e drogati. 

In realtà, che cosa commemora il monumento? Che Roberto Pelosi, soprannominata Pino la Rana, un marchettaro di 17 anni, secondo la versione ufficiale bastonò fino alla morte Pier Paolo Pasolini, di 53 anni. L'altra versione, sostenuta dai suoi parenti e dalla giornalista Oriana Fallaci, morta recentemente, è che fu vittima di una cospirazione politica, e che Pelosi fu solo l'esca che condusse all'imboscata alla quale parteciparono almeno tre sicari. 

Sia come sia, se qualcuno volesse oggi abbandonarsi a ricordare il crimine non incontrerebbe molte difficoltà. Gli scenari sono rimasti quasi intatti. Come la stazione Termini, dove il cineasta raccolse il giovane prostituto e l'invitò a salire sulla propria automobile, un'Alfa Romeo GT metallizzata. I marchettari amati da Pasolini sono lì. Non si riparano più sotto i resti delle mura aureliane che puzzano di urina. Ora lo fanno all'interno della stazione, all'entrata di Vía Giovanni Giolitti, vicino alle scale mobili. Basta una strizzatina d'occhi e si avvicina un ventenne dalla carnagione ramata. "Sono Rocco", afferma, tra lo sfacciato e il minaccioso mentre i suoi fratelli di mestiere osservano la scena. L'unica differenza è che oggi portano cinture con alcune enormi fibbie nelle quali si legge D&G e hanno occhiali da sole imitazioni di grandi marche. Rocco offre i suoi servizi con due tariffe. Nelle toilette della stazione, 50 euro; se bisogna uscire, il prezzo sale. 

Pino la Rana dichiarò al processo che Pasolini gli offrì 20.000 lire di allora, circa 10 euro. Il marchettaro (ora ha 48 anni) salì sull'Alfa dell'artista che prese Via Nazionale per uscire dalla città. Nel tragitto, al ragazzo venne fame. Pasolini conosceva una trattoria, vicino alla basilica di San Paolo, sulla Via Ostiense che conduce alla costa. Si chiamava e si chiama Biondo Tevere. Un locale alloggiato in una casa di due piani, con pareti imbiancate e una luminosa terrazza con vista sull Tevere, il fiume dal quale prende il nome. All'artista bolognese piaceva trascorrere lì i suoi ritagli di tempo "pensando e scrivendo le sue cose". Il virgolettato è di Giuseppina Panzironi, che è cuoca e gestisce il locale da cinquant'anni. Ora ha 76 anni. Fu lei a preparare l'ultima cena di Pasolini e del suo omicida. Seduta allo stesso tavolo dove entrambi si sedettero ricorda la scena: ci disse "che preparassimo qualcosa al ragazzo che lui non aveva fame perché aveva già preso un boccone a Roma". Nella sua voce c'è una certa inquietudine, come se aspettasse ancora una rivelazione che rischiarasse quanto successo in quella fatidica notte. "Era il giorno di Tutti i Santi e non c'era molta gente. Mio marito, Vincenzo, prese nota. Il ragazzo chiese spaghetti all'aglio, olio e peperoncino e petto di pollo. Ma lui insistette dicendo che non aveva appetito, che gli bastava una birra e una banana. Nient'altro". Quella fu l'ultima cena del regista del Vangelo secondo Matteo. L'ho visto tranquillo. Parlava a voce bassa con quel ragazzo che stava mangiando... Pino non aveva il viso da assassino. Aveva il viso di... ragazzino", precisa. 

La sala inferiore della trattoria si è trasformata in un piccolo museo intorno alla figura del regista di Edipo re. Alla parete sono appese le sue foto vicino ai suoi amici e agli attori con i quali lavorò come Anna Magnani, disegni e poemi manoscritti. I suoi intimi al Biondo Tevere erano lo scrittore Alberto Moravia e sua moglie Elsa Morante, e il poeta Darío Bellezza. "Era molto tranquillo, non amava la baldoria, né beveva. Semmai una birra. Quando finiva non aspettava il conto. Dava a Vincenzo un assegno in bianco e gli diceva 'metti tu l'importo", dice l'anziana cuoca. 

Giuseppina non ha idea se qualcuno seguisse l'Alfa Romeo fino al suo locale, né se li stessero aspettando all'uscita, circostanze alle quali puntano i sostenitori della cospirazione che fecero riaprire il caso tre anni fa. Sa solo che l'auto partì verso mezzanotte in direzione di Ostia. 

Pasolini era maledetto e la maledizione l'ha perseguitato anche oltre la sua morte. Il posto dove cadde morto, appartenente al Lido di Ostia, non è una destinazione turistica ideale. "Allora venivano qui persone importanti, gente del cinema come Fellini e Sordi. Ma ora c'è questa marmaglia della droga e i turisti si spaventano", dice il tassista Falcone. Perché alla stazione del Lido Nord non arrivano solo bagnanti, bensì molti balordi che vengono a cercare una dose. 

Pietro è uno degli spacciatori. Lavora nei paraggi di piazza Lorenzo Gasparini, nel centro del Bronx, come i gli abitanti del luogo chiamano questo quartiere. La polizia fa retate periodiche, ma non si riesce a fargli perdere la reputazione di essere uno dei supermercati romani della droga. 

Pasolini celebrò questi straccioni, l'accattone, il lenone che fu protagonista del suo primo film. Pietro conosce quasi tutti questi ragazzi di di strada. Ma non ha idea di chi fosse Pasolini, il morto più illustre della sua zona. Vedendolo trafficare, uno immagina che Pasolini verrebbe a morire qui se lo lasciassero scegliere, vicino a Pietro, vicino a Pino la Rana, senza monumenti.


 

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Vedi anche: tutti gli aggiornamenti di "Pagine corsare" da ottobre 1998
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La gran prensa española habla de Pasolini: motivos de una indignación,
de Jordi Corominas i Julián

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