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Notizie La gran prensa española
habla de Pasolini:
No pedimos a los periódicos que llenen sus páginas de noticias densas, completas. Sabemos que Pier Paolo tenía razón. Observamos día sí y día también como la síntesis predomina sobre la información estudiada, contrastada. Sin embargo, este verano los rotativos se están cubriendo de gloria con sus secciones veraniegas. El ser humano se deja pescar por palabras clave. Pongan en un artículo homosexual, muerte y droga y quizá encuentren un filón. Así lo ha hecho un chico para todo de EL PAÍS con la memoria del hombre que centra estas páginas corsarias. Gran parte de los datos de su artículo, titulado La última cena de Pier Paolo Pasolini, son correctos; otros parecen sacados de un burdo sensacionalismo destinado a divertir a los veraneantes que buscan matar su tiempo leyendo cualquier tontería. El articulista, que escribe de lo que le manden, parece haberse perdido algo. Sé muy bien que es. En España, salvo en algunas mentes comprometidas, no existe rigor con la figura del intelectual total del siglo XX. Ya en 2005 la vergüenza salpicó las páginas de una revista de cine, por llamarla de algún modo, cuando dijeron que el Pa fue acuchillado salvajemente en el Idroscalo. Escribí a la revista en cuestión, CINEMANIA, quejándome de su desinformación y como contrapartida, fijaros bien, recibí el guión de The mexican. Ahora no creo que me regalen nada. Tampoco, ni antes ni ahora, lo pretendo. Simplemente no entiendo como el periodista tiene la poca vergüenza de usar fragmentos de la entrevista Pelosiana de mayo de 2005 para llenar páginas en 2007. Habla el chico, Ramón Muñoz, de los lugares de antes y durante el asesinato. Dice que todo sigue igual, que Termini no ha cambiado, que los marchettari de Piazza dei Cincequento se han trasladado a Via Giolitti, que en Ostia y en el Idroscalo abunda la droga. Parece que el chico, pese a sus preguntas en el Biondo Tevere y sus observaciones sobre cinturones Dolce&Gabbana en Termini, no ha estudiado en exceso la figura de Pier Paolo Pasolini. Supongo que no le interesa, como tampoco le preocupa en exceso saber del significado de determinado léxico. ¿Qué son Bogarte? ¿Una mezcla entre el mítico Humprey y Dirk Bogarde? Para el autor del artículo de EL PAIS bogarte es la calle: supongo que quiere decir borgate, que no son la calle, sino algo, como sabe el lector de este texto, de más calado socio-histórico, término clave para entender una determinada concepción y período de la vida y obra del autor de Ragazzi di vita, título que el autor del artículo del más importante periódico español usa para hablar de los chicos que gustaba frecuentar Pasolini: lo traduce como chicos de la vida. Oiga periodista. Que yo sepa chicos de la vida podemos serlo todos. Si usas bogarte y dices que es calle, quizá mejor que busques y digas que ragazzi di vita son chicos de ésta, no de la vida. El léxico es importante. O lo era. Ya no sé que pensar. Dicen que en verano convienen cosas ligeras. De acuerdo. Otra cosa es desinformar y quedarse tan tranquilos. Si se analizan figuras trascendentales de nuestra Historia reciente conviene no hacer el ridículo y ser dignos. No creo que sea tan complicado. Por cierto, no sabía que el asesino del autor de Accattone se llama Roberto. Pensaba que su nombre era Giuseppe. Lo que hay que leer.
El artículo de El País REPORTAJE: CRIMEN EN OSTIA
Sobre el páramo yermo donde fue reventado a palos hace 31 años se alza ahora una columna más cursi que simbólica, coronada por una paloma que sostiene en el pico una luna llena. Se supone que se puede visitar de lunes a sábado, entre las 9.00 y las 13.00, pero casi nunca está el guarda que abre el candado de la verja. "Venían los chicos y la ensuciaban con sprays. Por la noche se reunían para beber o chutarse. Aquí hay mucha droga, ¿sabe?", dice Giampietro Falcone, taxista de profesión. "Gente normal, / me condenáis: / a temblar, / a odiar, / a ocultarme, / a desaparecer...", decía el director italiano que, tres décadas después de su muerte sigue levantando ampollas como prueban las verjas del monumento de la Via del Idroscalo, una calle-carretera que discurre entre barbechos salpicados de barracas deshabitadas y galpones que alojan coches polvorientos. Las autoridades programan allí homenajes periódicamente, así que había que mantenerlo a salvo de pintadas y de yonquis. ¿Qué conmemora en realidad el monumento? Según la versión oficial, que Roberto Pelosi, apodado Pino Rana, un chapero de 17 años, golpeó hasta la muerte a Pier Paolo Pasolini, de 53 años. La otra versión, defendida por sus allegados y espoleada por la periodista ya fallecida Oriana Fallaci es que fue víctima de una conspiración política, y que Pelosi sólo fue el cebo que le condujo a la emboscada en la que participaron al menos tres sicarios. Sea como fuere, si alguien quisiera rememorar hoy el crimen no encontraría muchas dificultades. Los escenarios siguen casi intactos. Como la estación Termini, donde el cineasta recogió al joven prostituto y le invitó a subir en su coche, un Alfa Romeo GT plateado. Los chaperos que amó Pasolini siguen allí. Ya no se amparan bajo los restos de la muralla aureliana, que apesta a orines. Ahora lo hacen en el interior de la estación, en la entrada de la Via Giovanni Giolitti, junto a las escaleras mecánicas. Basta un guiño y se acerca un veinteañero de tez cobriza. "Soy Rocco", afirma, entre descarado y amenazante mientras sus hermanos de oficio contemplan la escena. La única diferencia es que hoy llevan cinturones con unas enormes hebillas en las que se lee D&G y se calan gafas de sol de imitación de grandes marcas. Rocco ofrece sus servicios con dos tarifas. En los aseos de la estación, 50 euros; si hay que salir, el precio sube.
La sala de la planta de abajo de la trattoria se ha convertido en un pequeño museo en torno a la figura del director de Edipo Rey. De la pared cuelgan fotos suyas junto a sus amigos y los actores con los que trabajó como Ana Magnani, dibujos y poemas manuscritos. Sus íntimos en Biondo Tevere eran el escritor Alberto Moravia y su esposa Elsa Morante, y el poeta Dario Bellezza. "Él era muy tranquilo, nunca armaba jaleo, ni bebía. Si acaso una cerveza. Cuando acababa no esperaba la cuenta. Le daba a Vincenzo un cheque en blanco y le decía 'pon tú la cantidad", dice la anciana cocinera. Giuseppina no tiene constancia de que nadie siguiera al Alfa Romeo hasta su local, ni que le estuvieran esperando a la salida, como apunta la versión conspirativa que hizo reabrir el caso hace tres años. Sólo sabe que el auto partió sobre las doce de la noche hacia Ostia. Pasolini era un maldito y el malditismo le ha perseguido hasta después de su muerte. El lugar donde cayó muerto, perteneciente a Lido de Ostia, no es el destino turístico ideal. "Entonces venían aquí personas importantes, gente del cine como Fellini y Sordi. Pero ahora nos cae esta chusma de la droga y los turistas se espantan", dice el taxista Falcone. Porque en la estación de Lido Nord no sólo se bajan bañistas, sino muchos enganchados que vienen a buscar su dosis. Pietro es uno de sus camellos. Trabaja en los alrededores de la plaza Lorenzo Gasparini, en el mismo centro del Bronx, como le llaman a este barrio los lugareños. La policía hace redadas periódicas, pero no ha conseguido acabar con la reputación como uno de los supermercados de la droga romana. Pasolini celebró a estos desharrapados, a los accattone, el proxeneta que protagonizó su primera película. Pietro conoce a casi todos estos muchachos del bogarte (de la calle). Pero no tiene ni idea de quién fue Pasolini, el muerto más ilustre de su localidad. Viéndole trapichear, uno imagina que Pasolini volvería a morir aquí si le dejaran elegir, junto a Pietro, junto a Pino Rana, sin monumentos.
Non chiediamo ai giornali che riempiano le loro pagine di notizie dettagliate, complete. Sappiamo che Pier Paolo aveva ragione. Osserviamo giorno per giorno come la sintesi predomini sull'informazione studiata, verificata. Tuttavia, questa estate i giornali si stanno coprendo di gloria con le loro sezioni estive. L'essere umano dev'essere pescato tramite parole chiave. Se in un articolo si scrivono le parole omosessuale, morte e droga chissà che non si trovi un filone. Così ha fatto un ragazzo per El País con la memoria dell'uomo che è al centro di queste "Pagine corsare". Gran parte dei dati del suo articolo, intitolato L'ultima cena di Pier Paolo Pasolini, sono corretti; altri sembrano ispirati da un grossolano sensazionalismo destinato a divertire i villeggianti che cercano di ammazzare il tempo leggendo qualsiasi sciocchezza. L'articolista, che scrive ciò che gli ordinano, sembra essersi perso qualcosa. So molto bene di che si tratta. In Spagna, salvo che per alcune menti impegnate, non esiste rigore con la figura dell'intellettuale totale del secolo XX. Già nel 2005 la vergogna macchiò le pagine di una rivista di cinema, tanto per chiamarla in qualche modo, quando dissero che il Pa' fu accoltellato selvaggiamente all'Idroscalo. Scrissi alla rivista in questione, CINEMANIA, lamentandomi della loro disinformazione e come contropartita, sentite bene, ricevetti il copione di The mexican. Ora non credo che mi regalino niente. E neppure - né prima né ora - lo pretendo. Semplicemente non capisco come il giornalista abbia così poca vergogna nell'utilizzare frammenti dell'intervista a Pelosi del maggio 2005 per riempire pagine nel 2007. Il ragazzo, Ramón Muñoz, parla dei luoghi di prima e durante l'assassinio. Dice che tutto continua allo stesso modo, che a Termini nulla è cambiato, che i marchettari di Piazza dei Cinquecento si sono trasferiti in Via Giolitti, che a Ostia e all'Idroscalo abbonda la droga. Sembra che il ragazzo, a dispetto delle sue domande fatte al Biondo Tevere e delle sue osservazioni sulle cinture Dolce&Gabbana a Termini, non abbia studiato eccessivamente la figura di Pier Paolo Pasolini. Suppongo che non gli interessi, come neppure lo preoccupa troppo sapere il significato di un determinato lessico. Che cosa sono le bogarte? Un miscuglio tra il mitico Humprey e Dirk Bogarde? Per l'autore dell'articolo di El País bogarte è la strada: suppongo che volesse dire borgate che non sono la strada, bensì qualcosa, come sa il lettore di questo testo, di significato socio-storico, termine chiave per capire una determinata concezione e periodo della vita e opera dell'autore di Ragazzi di vita, titolo che l'autore dell'articolo del più importante giornale spagnolo usa per parlare dei ragazzi che amava frequentare Pasolini: lo traduce come chicos de la vida. Senta giornalista. Che io sappia chicos de la vida possiamo esserlo tutti. Se usi bogarte e dici che è strada, forse sarebbe meglio che tu cercassi e dicessi che ragazzi di vita sono ragazzi di strada, non di vita. Il lessico è importante. O lo era. Non so più cosa pensare. Dicono che in estate convengano cose leggere. D'accordo. Un'altra cosa è disinformare e rimanersene tanto tranquilli. Se si analizzano figure trascendentali della nostra Storia recente conviene esserne degni e non cadere nel ridicolo. Non credo che sia tanto complicato. Di sicuro, non sapevo che l'assassino dell'autore di Accattone si chiamasse Roberto. Pensavo che il suo nome fosse Giuseppe. Bisognerebbe leggere.
L'articolo di El País REPORTAJE: Crimine a Ostia
Sulla landa deserta dove fu bastonato fino alla morte 31 anni fa, si eleva ora una colonna più pacchiana che simbolica, incoronata da una colomba che sostiene col becco una luna piena. Si suppone che si possa visitare dal lunedì al sabato, tra le 9.00 e le 13.00, ma non c'è quasi mai il guardiano che apre il lucchetto posto sull'inferriata. "Venivano i ragazzi e la sporcavano con gli spray. Di sera si riunivano per bere o per prendersi a calci. Qui c'è molta droga sa"?, dice Giampietro Falcone, tassista di professione. "Gente normale, / mi condannate: / a tremare, / a odiare, / a nascondermi, / a sparire... ", diceva il regista italiano che, trent'anni dopo la morte continua a creare problemi, come provano le inferriate che circondano il monumento di Via dell'Idroscalo, una strada che passa tra prati pieni di baracche disabitate e gente che parcheggia automobili polverose. In quel luogo le autorità programmano periodicamente qualche omaggio, in modo da metterlo al riparo da imbrattatori e drogati. In realtà, che cosa commemora il monumento? Che Roberto Pelosi, soprannominata Pino la Rana, un marchettaro di 17 anni, secondo la versione ufficiale bastonò fino alla morte Pier Paolo Pasolini, di 53 anni. L'altra versione, sostenuta dai suoi parenti e dalla giornalista Oriana Fallaci, morta recentemente, è che fu vittima di una cospirazione politica, e che Pelosi fu solo l'esca che condusse all'imboscata alla quale parteciparono almeno tre sicari. Sia come sia, se qualcuno volesse oggi abbandonarsi a ricordare il crimine non incontrerebbe molte difficoltà. Gli scenari sono rimasti quasi intatti. Come la stazione Termini, dove il cineasta raccolse il giovane prostituto e l'invitò a salire sulla propria automobile, un'Alfa Romeo GT metallizzata. I marchettari amati da Pasolini sono lì. Non si riparano più sotto i resti delle mura aureliane che puzzano di urina. Ora lo fanno all'interno della stazione, all'entrata di Vía Giovanni Giolitti, vicino alle scale mobili. Basta una strizzatina d'occhi e si avvicina un ventenne dalla carnagione ramata. "Sono Rocco", afferma, tra lo sfacciato e il minaccioso mentre i suoi fratelli di mestiere osservano la scena. L'unica differenza è che oggi portano cinture con alcune enormi fibbie nelle quali si legge D&G e hanno occhiali da sole imitazioni di grandi marche. Rocco offre i suoi servizi con due tariffe. Nelle toilette della stazione, 50 euro; se bisogna uscire, il prezzo sale.
La sala inferiore della trattoria si è trasformata in un piccolo museo intorno alla figura del regista di Edipo re. Alla parete sono appese le sue foto vicino ai suoi amici e agli attori con i quali lavorò come Anna Magnani, disegni e poemi manoscritti. I suoi intimi al Biondo Tevere erano lo scrittore Alberto Moravia e sua moglie Elsa Morante, e il poeta Darío Bellezza. "Era molto tranquillo, non amava la baldoria, né beveva. Semmai una birra. Quando finiva non aspettava il conto. Dava a Vincenzo un assegno in bianco e gli diceva 'metti tu l'importo", dice l'anziana cuoca. Giuseppina non ha idea se qualcuno seguisse l'Alfa Romeo fino al suo locale, né se li stessero aspettando all'uscita, circostanze alle quali puntano i sostenitori della cospirazione che fecero riaprire il caso tre anni fa. Sa solo che l'auto partì verso mezzanotte in direzione di Ostia. Pasolini era maledetto e la maledizione l'ha perseguitato anche oltre la sua morte. Il posto dove cadde morto, appartenente al Lido di Ostia, non è una destinazione turistica ideale. "Allora venivano qui persone importanti, gente del cinema come Fellini e Sordi. Ma ora c'è questa marmaglia della droga e i turisti si spaventano", dice il tassista Falcone. Perché alla stazione del Lido Nord non arrivano solo bagnanti, bensì molti balordi che vengono a cercare una dose. Pietro è uno degli spacciatori. Lavora nei paraggi di piazza Lorenzo Gasparini, nel centro del Bronx, come i gli abitanti del luogo chiamano questo quartiere. La polizia fa retate periodiche, ma non si riesce a fargli perdere la reputazione di essere uno dei supermercati romani della droga. Pasolini celebrò questi straccioni, l'accattone, il lenone che fu protagonista del suo primo film. Pietro conosce quasi tutti questi ragazzi di di strada. Ma non ha idea di chi fosse Pasolini, il morto più illustre della sua zona. Vedendolo trafficare, uno immagina che Pasolini verrebbe a morire qui se lo lasciassero scegliere, vicino a Pietro, vicino a Pino la Rana, senza monumenti.
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de Jordi Corominas i Julián |