"Pagine
corsare"
Saggistica
Pasolini y Lorca, ¿vidas
paralelas?
Por Jordi Corominas i Julián
www.calidoscopio.net
9 mayo 2009
La
reciente lectura de Lorca y el mundo gay de Ian Gibson ha reavivado en
mi interior un antiguo paralelismo olvidado en el baúl de las ideas. El
poeta granadino y Pier Paolo Pasolini comparten cierta trágica similitud
funérea. Ambos eran seres comprometidos, poetas civiles que con su obra
creaban polémicas no gratuitas, válidas y valientes para afrontar sus
respectivas épocas. Su última hora está teñida por la neblina del silencio
querido. Uno fusilado y torturado, el otro masacrado en una supuesta reyerta
con un chapero. Supuesta. No descarten la intervención de un poder lúgubre
y putrefacto que detestaba su homosexualidad y la triste alegrÃa de quien
difunde innovación para los demás y vive encerrado en un caparazón imposible
de romper mientras la sociedad no evolucione, armadura que nuestros protagonistas
llevaron desde ópticas similares pero divergentes.
No jugamos a las vidas paralelas
de Plutarco; tenemos algunos puntos donde comparar y entrever caracterÃsticas
comunes. Quizá la infancia aborte la posibilidad de un encaje de bolillos.
No lo hace desde la perspectiva del nacimiento de la atracción uránica;
tanto el italiano como el español percibieron ser diferentes. Pasolini
declaró que a los tres años sentÃa atracción por las piernas de los
chicos; Lorca por su parte, y esa es la diferencia clave entre ambas trayectorias,
fue percibido como una nena, un profesor lo odiaba por sus amaneramientos
y sus compañeros de clase lo llamaban Federica. Esta asignación de su
opción sexual mediante opiniones ajenas condiciona la actitud lorquiana.
La España de la primera mitad del siglo XX, a excepción del Doctor Marañón
y pequeños grupúsculos intelectuales, abominaba del amor que no puede,
o no podÃa, decir su nombre.
Los
invertidos eran una lacra, dementes contra natura que en Italia estaban
marcados por el catolicismo del paÃs y la dictadura fascista, nacida el
mismo año en que Pier Paolo Pasolini vio la luz: 1922 es la fecha en que
se inicia una singladura infantil-adolescente poco estable como consecuencia
de los traslados militares de su padre, algo que no sufrió GarcÃa Lorca,
señorito andaluz traumatizado a los doce años, el decisivo 1910 de sus
poemas, por abandonar el pueblo que lo vio crecer y aterrizar en Granada,
amada y odiada por el niño desangelado que sin la Vega tenÃa Alhambra,
magro consuelo para quien se ha criado acomodado en la etérea naturaleza.
La adolescencia y la primera
edad adulta se convierten en el hilo que teje su destino artÃstico y sexual.
Pasolini estudia en Bologna y la Segunda Guerra Mundial lo llevará a Casarsa
delle delizie, donde resucitará el friulano y dará clases a los niños
de la aldea, futuros cómplices de su academia dedicada a cultivar la lengua
de su región. En sus juvenilia Amado mÃo y Atti impuri, inéditos hasta
1984, el director de Uccellacci e uccellini narra parte de sus vivencias
en el rÃo y sus aledaños, donde lo tupido de la maleza permitÃa inocentes
escaramuzas sexuales entre los chavales. Esa edad, en la que el poeta ya
se ha comprometido polÃticamente, terminará cuando una familia lo denuncie
por compartir peripecias eróticas con su hijo. Pier Paolo será expulsado
del PCI y emigrará a Roma, primer viaje redentor de su existencia; Federico
lo tendrá cuando deje Granada y se instale en la Residencia de Estudiantes,
pero antes de la genialidad se decidirá por la poesÃa en perjuicio de
la música, escribirá textos que no verán la luz hasta 1994 y aprenderá
con profesores cargados de innovación, hombres que mediante sus lecciones
le permitirán viajar por España y conocer a algunos de los nombres más
admirados de la cultura nacional. Uno se traslada con el beneplácito y
el dinero paterno, el otro porque no tiene más remedio.
Tanto
Madrid como Roma ejercen de comadronas de la toma de conciencia y estÃmulo
para la creatividad a través del contacto con otras mentes inquietas.
Pasolini malvivirá durante sus primeros años en la capital italiana;
su sueldo de profesor y algunos trabajos editoriales no carentes de prestigio
le darán el pan de cada dÃa a la espera de su revelación al gran público.
Lorca disfrutará de su estancia en el lugar más excepcional de la historia
cultural de nuestro paÃs. Los recuerdos y la mitologÃa de la Residencia
de Estudiantes constituyen una especie de paradigma educativo. El poeta
tocaba el piano, hacÃa reÃr y lideraba un grupo de genios alocados entre
los que cabe mencionar a los Buñuel, DalÃ, Alberti, PepÃn Bello y muchos
otros insignes apellidos. Ese grupo y la diferencia de personalidades dieron
al granadino goces y sombras. Goces por estar en pleno contacto con las
tendencias más actuales de los años veinte, tendencias que empezaron
a despertarle ansÃas de una mayor complejidad narrativa tanto en verso
como en las tablas y le animaban a insistir en la música desde una vertiente
organizativa junto al maestro Manuel de Falla. Sombras por torturas amorosas,
hermandades académicas y la imborrable figura de un pintor catalán acomplejado
antes del letal atrevimiento.
Por
su parte, Pasolini experimentó un proceso similar cuando, triunfal con
su primera novela Ragazzi di vita, entró en el mundo del celuloide como
guionista y progresó hasta convertirse en director de culto que trasladó
a la gran pantalla sus obras narrativas con la ingenuidad de quien nadie
conoce y por ese mismo motivo desea reinventar el arte en el que se inmiscuye
desde la inexperiencia. Agotada la vÃa borgatara el poeta de Le ceneri
di Gramsci buscará un nuevo horizonte que le permita avanzar, descubriéndolo
en el Tercer Mundo y en la importancia del mito. Mientras tanto encontró
a Ninetto Davoli, un adolescente de barriada que se convirtió en alumno
y amante hasta que el famoso ricitos, el mensajero de las pelÃculas, se
enamoró de una mujer y aceptó que la estima hacia el maestro no tenÃa
en su esencia una vertiente de atracción fÃsica, lo que quizá también
le sucedió, aunque en este caso el oportunismo tiene un importante papel,
a Emilio Aladrén, escultor de poca monta que vio en Federico una ayuda
de primer orden para prosperar en su incipiente carrera. El poeta sufrió
su abandono y sólo se resarcirá cuando conozca a su amor definitivo:
Rafael RodrÃguez Rapún.
El segundo viaje trascendental
de GarcÃa Lorca será su descubrimiento de América. Nueva York y La Habana
crearán un nuevo Federico; el hombre que adquirió inmortalidad definitiva
desde la tradición del Romancero gitano tomó conciencia de las infinitas
posibilidades de su talento unido a la experimentación literaria. Ya nada
serÃa igual. Poeta en Nueva York y El público serán la inicial punta
de lanza del despegue hacia formas inéditas en las letras hispánicas.
Ese segundo periplo decisivo también incide en su condición homosexual
al liberarlo de antiguos tapujos y mostrarle más desinhibido en lo relativo
al problema, tanto en sus obras como en su vida. Pasolini y Lorca tenÃan
voracidad sexual y cuando la aplacaban se sentÃan más capaces para emprender
su labor creativa. Amantes de las fiestas nocturnas, aunque cada uno en
su contexto, fueron quitándose la careta con los años, hermanando su
lucha personal con un creciente compromiso polÃtico. En el caso del español
se afirma por sus declaraciones en muchas revistas de la República y por
su dirección de la Barraca, con la que ayudó a difundir el teatro clásico
y a culturizar a las almas olvidadas de ruralia. Cuando la Guerra Civil
estalló el dÃa de su santo era un hombre condenado, perdónenme la expresión,
por rojo y maricón, pintada con la que los fascistas aún se atrevÃan
a manchar los muros barceloneses en 1976, incapaces de entender que el
cine de Pasolini no se limitaba a dos neologismos mezquinos que aún usan
algunos para vergüenza de todos.
Su
exaltación polÃtica, la lucha contra la injusticia con sus escritos y
acciones, les condenó. La agonÃa de Federico GarcÃa Lorca en la Vega
es la del niño que sufre al saber anticipadamente el final de la pesadilla
por su fatal error de abandonar Madrid. El fallo también está en Pasolini,
vÃctima de un adolescente borgataro que ya no era como sus primeros personajes,
ingenuos, cerebros incorruptos con posibilidades cristológicas transformados
en monstruos homologados, aspirantes a burgueses que por frustración,
al no poder alcanzar el nivel anhelado, emplean los mismos métodos criminales
que sus antiguos enemigos.
La figura del hijo de Dios
abrazó la trayectoria de los dos mediterráneos. Lorca se sintió identificado
con la actitud de Jesús desde su adolescencia y hasta su asesinato, fusilado
entre un torero y un profesor tras ser sometido a crueles burlas e infames
torturas, puede recordar al del MesÃas. Pasolini buscó a Jesucristo y
antes de hallarlo en sentido puro lo plasmó en forma intermedia en La
Ricotta (1963), cine dentro del cine en que Stracci, un pobre hombre, muere
por una solar indigestión en la cruz. Al año siguiente, fallecido Juan
XXIII, el maestro transalpino construirá una maravilla fÃlmico-filosófica
con Il vangelo secondo Matteo, la mejor pelÃcula sobre Jesucristo y quizá
la única donde la trascendencia de su mensaje se expresa con simplicidad
obsesiva hasta en la elección de los espacios. En este sentido conviene
visionar Sopraluoghi in Palestina, documental donde el director viaja a
Tierra Santa y comprueba con gran disgusto como ya no es posible rodar
una pelÃcula sobre el redentor en los lugares históricos del evangelio:
la industrialización ha desnaturalizado y anulado su esencia.
Ruego disculpen lo superfluo
de mi ensayo. He analizado algunos aspectos que pueden acomunar a dos grandes
poetas; aún asà mi búsqueda no pretende ser absoluta por las mismas
dimensiones del texto que están leyendo. Sin embargo, si creo poder concluir
con otra coincidencia de hermanamiento. Federico GarcÃa Lorca y Pier Paolo
Pasolini murieron antes de la hora acordada en el gran tablero, justo cuando
ambos estaban soltando las definitivas amarras de lo clandestino para adentrarse
en una sinceridad asombrosa. No sólo hablamos de Los sonetos del amor
oscuro del español o de la Sodoma y Gomorra del italiano, que ya habÃa
traspasado la frontera de lo tolerable en gran parte de su producción,
de la que podrÃamos destacar la pieza teatral OrgÃa o Saló, pruebas
irrefutables de una deriva radical en su tratamiento de temas tabú, idea
confirmada en 1992 con la publicación de la novela inacabada Petrolio,
donde lo fragmentario realza lo explÃcito de las escenas sexuales.
Nuestro Federico, que merece
reposar en paz pero con honores, fue cauto y pese a su progresiva liberación
publicó a cuentagotas las obras con claras alusiones a la homosexualidad.
Su excepcional Oda a Walt Whitman fue editada en México para cincuenta
afortunados lectores. El San Miguel del Romancero gitano es una excepción
a la que acompañan simbologÃas y metáforas que recorren su trayectoria
poética. Durante años se evitó hablar del tema, como si fuera una especie
de condena para un genio excelso, hombre deslumbrante del que no se puede
entender la obra sin profundizar en una vida siempre más comprometida
en lo social y despojada de miedos en lo personal, maravillas que la peor
burguesÃa de España cortó de raÃz con su habitual estilo infecto, ratas
de cloaca que se reproducen en otros paÃses. ¿O no puso Pasolini en boca
de Orson Welles que la burguesÃa italiana era la peor y más ignorante
del Viejo Mundo? SÃ. España 1936. Italia 1975.
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